lunes, 27 de diciembre de 2010

Crisis



Es hora de que lo sepas.

Te siguen en la calle. En tu casa. En el autobús. Si paseas, como si vas de marcha. Nunca verás a nadie apostado en ningún zaguán, y sin embargo ten por seguro que te siguen. Asusta que no puedas esconderte de sus ojos. No olvides sonreír.

Los ojos no están tras las ventanas. Los ojos están. No preguntes dónde. Están. Incansables. No importa que intentes pasar desapercibido, u ocultarte. Incluso caminando bajo cuatro mantas estarías plenamente identificado ante los ojos. Y en su punto de mira, claro, no olvides nunca el punto de mira. Tu obligación es simplemente salir cada mañana, llegar a tiempo a un trabajo, sonreír, cumplir. Sólo cumplir, no sé si esto lo entiendes bien: se te pide que cumplas. No que añadas nada a tu trabajo, ¿lo entiendes? Imaginación, humor, crítica… eso no es lo que se te pide. Eso son elementos distorsionantes. Te basta con cumplir ante los ojos. Y sonreír, claro.

Si al menos fueras parte de una mafia sabrías que hay una mitad del mundo que vela por ti. Pero tú eres un ciudadano ejemplar, por eso estás en el punto de mira. De los unos y los otros. Peor que en la Mafia, creo que vas entendiendo. 

Estamos desamparados. Pero no debes decirlo. Decirlo es fascismo, y tú no quieres que te llamen fascista. Lo que tienes que hacer es seguir cavando tu parte en el hormiguero: no esperes nada, no necesitas nada. No queda el analgésico de la fe en dios. Ni el prozac de la revolución que te prometieron. Lo llevas todo a pecho descubierto: te bastas. Por eso sonríes y sigues cavando. Asustado. Pero no olvidas sonreír.

Porque estás vivo, coño. Porque vivimos, de momento. Porque no somos culpables de nada y tenemos una conciencia de la hostia, aunque aquí estamos pagando la factura que nos han dejado otros, qué se le va a hacer. No digas nada.

Estamos desamparados.

Esa es la única consigna buena para el himno que quieres cantar. Para la mani donde ya no añoras siglas ni colores. Para esta patria y para todas las patrias. Para ideologías. Para esta fiesta gloriosa a la que tú contribuyes con tu sonrisa de plástico. Día sí y día también.

Piensa en eso sin estremecerte.

Ahora ya puedes alzar la barbilla y mirar adelante, porque no hay nada más que esperar. Ponte en marcha, adonde quieras.

Y sonríe.

2 comentarios:

Vanity dijo...

Descarnado y lúcido texto para leer el último día el año.

En efecto, de lo que hablas, lo interpreto como una vulgaridad esclavizada de la que es difícil escapar, mucho más autoritaria de lo que se nos pretende hacer creer.

te sigo.

Saludos!

VD

Santiago G. Tirado dijo...

Tú sí que eres lúcido, Vanity. Que el próximo ano te mantenga intacta la lucidez y en plena efervescencia la mala leche.
Nos seguiremos encontrando, claro