domingo, 29 de abril de 2012

La balada de Eleanora Aguirre


Esto es ahora una novela. Pero dentro de unos días ya será un libro.


Texto de contraportada:

Eleanora Aguirre se confiesa así, a punto de concluir su historia: No necesito nada. Quiero estar aquí un tiempo, conocer gente, vivir esto que está pasando aquí, luego ya veremos. Casi todas sus intenciones se hallan con- densadas en esa frase. Bueno, falta un detalle: Y conocer a Janis. En los primeros compases de la novela le ha dicho a una amiga: Mira: Monterrey. Si en Monterrey hay gente como esa Janis, no sé qué chingados hago yo en este internado. Aquí no vamos a ver nada del mundo. A una hippie que conocerá más tarde le espeta: Todo eso es una forma de huir. ¿De qué huyen ustedes?

Esta novela es la narración de un viaje.

Corren los años 70 y México es ancho y ajeno a los ojos de Eleanora Aguirre. Pero no es temible. O no lo suficiente como para agarrotar sus pies. En el camino hay gente diversa y hay ciudades y hay música, en todas partes músi- ca: corridos y rock, y rancheras y rhythm & blues. ¿Alguien dijo Joplin? Sí, Joplin también está en el horizonte. La brújula de Eleanora Aguirre se obceca en marcar la dirección hacia Janis Joplin. Eleanora es una muchacha y es una metáfora. Habla de los descreídos, de los que dudan, de los que deciden irse. Es una apología del flâneur. Del inadaptado también, que acaso sean una sola y la misma cosa. En el aire suena Vietnam, y Tlatelolco, y cantan hippies, y otros preparan la revolución. Pero lo que fascina es el camino.

Esta novela es la narración de un viaje.

viernes, 13 de abril de 2012

En sigueleyendo.es, debatiendo con S.S.



De un debate con Susana Sánchez, de sigueleyendo.es, surgió este artículo. Basta con pinchar en la foto para leerlo completo.


Y tomen nota de paso: la web que surgió de la esa cabeza inquieta de Cristina Fallarás hace apenas un año se ha erigido en el medio idóneo para mutantes. No hay novedad que directa o indirectamente no pase por sus páginas.


Mi homenaje, desde aquí.

miércoles, 11 de abril de 2012

Next Level: Are you ready?





Los chicos jugaban. Los chicos amaban jugar todo el tiempo que tenían disponible. Las chicas también, pero las chicas se enredaban en cosas incomprensibles en las que nadie ganaba, como la comba o la goma. Los chicos amaban ganar. Llegar más lejos. Meter más goles.  Si no había perdedores no había fiesta en la que dar botes de alegría. 
Los chicos crecieron, pero el amor por el juego no los abandonó. Cambiaron de imagen, la testosterona repercutió en su aspecto; la afición por el juego seguía intacta. Desde la fase del espejo habían sido idénticos, con Lacan o con Hofstadter.  Con los años comprendieron que las coordenadas habían variado, el escenario, las herramientas. La esencia no. Había un salto simple entre el monopoly y estudiar Administración de Empresas. Entre echarle huevos a un partido de alevines y negociar una comisión en una concejalía cualquiera. Un recuerdo vago de su primera fase del espejo en cada negocio que implicara una deformación de la realidad (especular es lo que hace un espejo). Se hicieron tan maravillosos que ya no cabían en el tablero. Mierda de tablero, dijeron; hay que hacerlo más grande. Y hay que pensar en otras reglas. Reglas veloces, reglas S. XXI. Mejor que eso: hay que ampliar la visión. Ahora todo va a ser campo de juego. Lo llamaremos mercado. Chicos traviesos, pero listos. Cómo decirles que las cosas de comer no servían para jugar, ¿cómo hacerles esa Gran Faena?
Llegó la hora de cambiar de juego. A los estados les dijeron que tenían que quitarse de en medio, que no encajaba en sus reglas que los estados ejerciesen la cosa lúdica. Así se llevaron las compañías de teléfonos, las compañías eléctricas, las petroleras. Alguno dijo que los chicos no deberían meter baza en esos sectores estratégicos, pero ellos consiguieron desacreditarlo con suma facilidad. El juego era postmoderno, y el juego iba en serio. Al final decretaron: la mentalidad, todo estaba en la mentalidad. Y la mentalidad del pasado era un rescoldo de puritanismo sensiblero, eran remilgos inoculados por aquellos mismos que en los recreos de la infancia se habían acostumbrado a perder. Había una característica exclusiva de chicos jugadores llamada Mentalidad Empresarial. Y era lalecheenbote.   
Todavía recuerdo el día en que aparecieron los chicos en los institutos y universidades con un ISO 9002 debajo del brazo. Eran grandes. Eran jugadores, sí, pero visionarios como ninguna otra generación los había conocido. La Mentalidad Empresarial entró arrasando en los colegios y universidades, y luego llegó de forma natural a lugares inverosímiles como los hospitales. La gente se preguntaba: ¿Qué beneficio podía dar un hospital?  Pero eso eran detalles sin importancia para los chicos. Así llegaron a la gestión de las pensiones. Y llegaron al teatro. Y llegaron a la música. Y a las librerías. A las religiones. Y al sexo. La Mentalidad Empresarial lo tiñó todo del color de los chicos.


Desde hace un tiempo parece que los chicos están pidiendo el próximo nivel. Ahora todo se ha quedado en negro y no se oye más que un pitido continuo, como el de un cardiómetro que se para. 
No sé si los perdedores estaremos listos para el próximo nivel.


sábado, 3 de marzo de 2012

Y esto dicen de Todas las tardes café dos años después



Joaquín Collado

No sé si uno encuentra un libro o un libro encuentra a uno, pero si se produce la coincidencia con Todas las tardes café en cualquiera de las dos modalidades, no la deje escapar, porque el destino o el azar habrá puesto en su camino una de esas pocas obras que dejan huella.

Santiago García Tirado consigue en esta colección de 37 relatos algo al alcance de muy pocos: hacer literatura, cosa muy distinta a perderse en florituras del lenguaje. Antes bien, el autor logra conciliar forma y fondo (me niego a abandonar esta distinción ante la avalancha de formas sin fondo y de fondos sin forma) de un modo exquisito con unas narraciones que van desde el mazazo en la conciencia hasta el más puro divertimento, destilando todas ellas el intenso sabor del mejor café. No hay más que leer al inicio del libro el relato Las cartas ya no llegan al desierto para darnos cuenta de que nos encontramos ante un escritor de primera línea que nos conduce suave e inexorablemente con su lenguaje y con la ilación de los acontecimientos hasta un final que nos remueve en el asiento y nos conmueve en el alma (o lo que quiera que se le parezca) sin precipitarse en el sentimentalismo que siempre acecha a los homenajes.
Algo similar ocurre en Retrato sobre asfalto con ruido a lo lejos o Alguien dijo que coleccionaba nombres, donde la tragedia se va insinuando a medida que avanza el relato sin que sepamos qué nos va a deparar, para precipitarse finalmente de un modo tan contundente que hace enmudecer al lector mientras los personajes siguen hablando y actuando.
Pero junto con textos de hondo dramatismo como los anteriormente citados y otros de similar calado, García Tirado combina pequeñas piezas donde destila un fino humor e ironía dignos de ejercer magisterio. Es suficiente con leer, por ejemplo,Modernos o Ese flujo inescrutable o los intercalados en cursiva de Cualidades de las cerillas para darnos cuenta de que nos hallamos ante relatos que confirman, después de su novela Un preso que hablaba de Stanislavski, a un escritor en plena madurez, a un observador exquisito capaz de extraer las historia que no sólo las personas, sino también las cosas, llevan dentro. No en vano, como el autor escribe en Historia incongruente, o sea, cuento, “Las historias son siempre hijas de mentes románticas. Al final, como se ve, la historia era puro cuento, pero sin doctrina”. Más que puro cuento, cuento puro, destinado a perdurar.

Ficha:
Todas las tardes café
Santiago García Tirado
Ediciones Irreverentes
Madrid 2009
187 páginas
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Joaquín Collado es periodista y escritor. Su última novela publicada es Los crímenes del Chakra, E.C.U., Alicante, 2011

miércoles, 11 de enero de 2012

Premio para "La Balada de Eleanora Aguirre"

En un par de meses estará en las librerías "La balada de Eleanora Aguirre"
Esto es el primer pulso que le toma a la novela el diario Información.