lunes, 27 de diciembre de 2010
Crisis
Es hora de que lo sepas.
Te siguen en la calle. En tu casa. En el autobús. Si paseas, como si vas de marcha. Nunca verás a nadie apostado en ningún zaguán, y sin embargo ten por seguro que te siguen. Asusta que no puedas esconderte de sus ojos. No olvides sonreír.
Los ojos no están tras las ventanas. Los ojos están. No preguntes dónde. Están. Incansables. No importa que intentes pasar desapercibido, u ocultarte. Incluso caminando bajo cuatro mantas estarías plenamente identificado ante los ojos. Y en su punto de mira, claro, no olvides nunca el punto de mira. Tu obligación es simplemente salir cada mañana, llegar a tiempo a un trabajo, sonreír, cumplir. Sólo cumplir, no sé si esto lo entiendes bien: se te pide que cumplas. No que añadas nada a tu trabajo, ¿lo entiendes? Imaginación, humor, crítica… eso no es lo que se te pide. Eso son elementos distorsionantes. Te basta con cumplir ante los ojos. Y sonreír, claro.
Si al menos fueras parte de una mafia sabrías que hay una mitad del mundo que vela por ti. Pero tú eres un ciudadano ejemplar, por eso estás en el punto de mira. De los unos y los otros. Peor que en la Mafia, creo que vas entendiendo.
Estamos desamparados. Pero no debes decirlo. Decirlo es fascismo, y tú no quieres que te llamen fascista. Lo que tienes que hacer es seguir cavando tu parte en el hormiguero: no esperes nada, no necesitas nada. No queda el analgésico de la fe en dios. Ni el prozac de la revolución que te prometieron. Lo llevas todo a pecho descubierto: te bastas. Por eso sonríes y sigues cavando. Asustado. Pero no olvidas sonreír.
Porque estás vivo, coño. Porque vivimos, de momento. Porque no somos culpables de nada y tenemos una conciencia de la hostia, aunque aquí estamos pagando la factura que nos han dejado otros, qué se le va a hacer. No digas nada.
Estamos desamparados.
Esa es la única consigna buena para el himno que quieres cantar. Para la mani donde ya no añoras siglas ni colores. Para esta patria y para todas las patrias. Para ideologías. Para esta fiesta gloriosa a la que tú contribuyes con tu sonrisa de plástico. Día sí y día también.
Piensa en eso sin estremecerte.
Ahora ya puedes alzar la barbilla y mirar adelante, porque no hay nada más que esperar. Ponte en marcha, adonde quieras.
Y sonríe.
martes, 14 de diciembre de 2010
La lista de Amores
por Santiago García Tirado
Lista y Visa son términos que engarzan naturalmente. En rollito-fin de semana y a final de año. Si media el amor, o el encoñamiento. Pero en este caso media Amores, y eso excluye la amenaza de la Visa. Lo que no impide que él también tenga una lista propia nacida del cariño y del roce, a diferencia de aquellas otras listas que aparecen en papel guay y que se deben más al interés puro. Al interés con guarismos grandes. Al de te quiero Andrés.
A la lista la iba buscando yo, donde quiero decir que mi intención era seleccionarla, sin más. Las listas salieron a mi encuentro por todas partes, por su cuenta. Internet se me transmutó un día en la calle Montera de las listas hasta el punto en que llegué a sentirme acogotado y temeroso.
Mi reloj indicaba las 8 de una tarde cualquiera, pero en un mes señalado: diciembre. Mes de listas, recordé. Me dije: Seguro que hay una lista a tu imagen y semejanza. No hay lista desinteresada, me recordó el ángel de la guarda. Eres un inmovilista, le dije, un facha. Las listas sirven para todo. Ésa fue mi constatación final.
Las listas se prodigan a final de año: los mejores juegos del año, las mejores webs del año, los mejores culos del año, los mejores videoclips del año. Y yo quería una lista de libros, únicamente. No quería un mensaje subliminal atravesándome la retina, con enlace al pie a la web sueltalapasta.com. Quería confrontación de la buena, una lista con la que sacar los puños y de paso lo poco de conciencia crítica que me va quedando. Una lista que me provocara de cualquier forma, excepto de indignación mercantil. Me hacía falta. A la que me descuido me voy adocenando por los cuatro costados, y nada más horrible, santo cielo. Mejor muerte nos dé Dios. Amoldarse a la masa es una forma de muerte cerebral que no se puede uno permitir. No yo. Por eso buscaba mi lista de finde. Camorra intelectual. Gresca dialéctica. Calentón.
Encontré listas y más listas, ya digo. Las listas acabaron por enredarme, eso también era de esperar.
Son listas.
De todas ellas, en conclusión me quedé con ésta de la que les voy a hablar. Con la de mis Amores. José Luis Amores. Es una lista paradigmática, y se la voy a explicar. Al final les pondré algunas otras, no sea que se les hayan acabado los sudokus de esta tarde, y para qué.
Only entertainement.
En su blog, José Luis Amores habla habitualmente (con una persistencia de cronógrafo inglés) de las lecturas que a lo largo del año le van surgiendo. Algunas las busca, y otras se le ofrecen. O las envidia, y acaba por leerlas. Está al día de lo último. Últimamente yo también envidio muchas de sus lecturas.
A final de año ha hecho su propia lista de lecturas favoritas de entre la infinidad que se ha ido metiendo en vena. Caprichosa, por supuesto. Arbitraria y sesgada. Ha elegido, y por tanto ha tenido que tomar una decisión bajo una perspectiva propia y subjetiva. Cuánto siglo veinte en estas cuestiones, ah… Pero volvamos al asunto y veamos el resultado. En la lista de lecturas que más han interesado (o hecho disfrutar) a un lector desaforado como José Luis Amores, vemos que aparecen títulos variaditos, ejemplos de contracultura o del afterpop, junto con obras desconocidas de autores borrosos, o de grandes clásicos del diecinueve. Las listas, ya ven, acaban siendo una imagen válida del lector en cuestión y reflejan sus debilidades literarias. Exactamente de eso es de lo que se trata. Una lista es una propuesta o una confesión. Un reflejo de los intereses o de los fantasmas con que un lector se las ve a diario. Una pequeña tronera por donde otea sobre el horizonte inmenso de los libros un lector inquieto y curioso.
Nada que ver con las listas de éxitos que infestan el panorama en el ocaso del año.
Podría comentar su lista libro a libro. Algunos, confieso, no los he vivido. Además sería un ejercicio pleonástico e idiota por mi parte. Léanla ustedes mismos.
Pero sí quiero dejar aquí un fragmento de ese largo (a su moda) post en el que revela un detalle de ternura que desarma. Se trata de un libro gris, obra de una autora gris pese a ser argentina, de Argentina, no de Barcelona. La reseña de José Luis es ésta:
"Las primas. Esta novela está mal escrita a propósito. Me refiero a su sintaxis, a los usos gramaticales. Una chica disminuida en una familia de disminuidos. Tiene habilidades para la pintura y comienza a asistir a clases. Su profesor la anima y ella avanza en su educación artística y vital. La progresión en tal aprendizaje se advierte y se refleja en la escritura, realizada en primera persona. Escritura que no escatima en aclaraciones de por qué el uso de determinado vocablo y dónde fue hallado o aprendido. Nos divertimos leyendo, a la par que asistimos al desarrollo de una inteligencia natural que utiliza su lucidez en la defensa del entorno familiar. La novela ganó un premio que no recuerdo (la leí por medio de préstamo bibliotecario) en Argentina, hace poco. Un jurado importante que incluía a Rodrigo Fresán y Enrique Vila-Matas. Sorpresa de este último al abrir la plica y comprobar que Aurora Venturini, la autora, tenía 81 años".
Incluso una página gris de noticias argentinas a veces esconde un prodigio.
Ellos son así.
Las lecturas de José Luis son ansí.
__________________
Una lista de listas
Las lecturas de René López Villamar.
http://hermanocerdo.anarchyweb.org/index.php/2010/12/las-lecturas-de-2010-rene-lopez-villamar/
La lista de Hermano Cerdo, son en realidad 20 listas de hermanos del Cerdo Hermano.
http://hermanocerdo.anarchyweb.org/index.php/2010/12/lecturas-de-2010/
Vicente Luis Mora.
http://vicenteluismora.blogspot.com/2010/12/un-resumen-de-2010-partir-de-el-rey.html
(Más que una lista, en realidad es un vistazo a lo que queda atrás en este 2010, aprovechando libros y nombres de lo más reciente en lengua española. Particularmente en lengua española de América. Del norte, por supuesto.
Quimera también se lanza a las listas: se lee en papel, el especial a 7 euros. Pero se trata de listas. Caprichosas, claro.
Ibrahim Berlín (a.k.a. Antonio J. Rodríguez) aúna arrojo e insolencia al elaborar la lista con la que ha contribuido a esta familia de árboles literarios:
http://ibrahim-berlin.blogspot.com/2010/12/mis-10-de-2010.html
La opción de José Luis Amores es la opción candorosa y aguerrida del lector honesto. Leo como quiero, donde quiero, lo que me viene en gana, sin deberle a nadie más respeto que a uno mismo.
http://bolmangani.blogspot.com/2010/12/2010-veinte-historias-de-amores-y-una.html
Lista y Visa son términos que engarzan naturalmente. En rollito-fin de semana y a final de año. Si media el amor, o el encoñamiento. Pero en este caso media Amores, y eso excluye la amenaza de la Visa. Lo que no impide que él también tenga una lista propia nacida del cariño y del roce, a diferencia de aquellas otras listas que aparecen en papel guay y que se deben más al interés puro. Al interés con guarismos grandes. Al de te quiero Andrés.
A la lista la iba buscando yo, donde quiero decir que mi intención era seleccionarla, sin más. Las listas salieron a mi encuentro por todas partes, por su cuenta. Internet se me transmutó un día en la calle Montera de las listas hasta el punto en que llegué a sentirme acogotado y temeroso.
Mi reloj indicaba las 8 de una tarde cualquiera, pero en un mes señalado: diciembre. Mes de listas, recordé. Me dije: Seguro que hay una lista a tu imagen y semejanza. No hay lista desinteresada, me recordó el ángel de la guarda. Eres un inmovilista, le dije, un facha. Las listas sirven para todo. Ésa fue mi constatación final.
Las listas se prodigan a final de año: los mejores juegos del año, las mejores webs del año, los mejores culos del año, los mejores videoclips del año. Y yo quería una lista de libros, únicamente. No quería un mensaje subliminal atravesándome la retina, con enlace al pie a la web sueltalapasta.com. Quería confrontación de la buena, una lista con la que sacar los puños y de paso lo poco de conciencia crítica que me va quedando. Una lista que me provocara de cualquier forma, excepto de indignación mercantil. Me hacía falta. A la que me descuido me voy adocenando por los cuatro costados, y nada más horrible, santo cielo. Mejor muerte nos dé Dios. Amoldarse a la masa es una forma de muerte cerebral que no se puede uno permitir. No yo. Por eso buscaba mi lista de finde. Camorra intelectual. Gresca dialéctica. Calentón.
Encontré listas y más listas, ya digo. Las listas acabaron por enredarme, eso también era de esperar.
Son listas.
De todas ellas, en conclusión me quedé con ésta de la que les voy a hablar. Con la de mis Amores. José Luis Amores. Es una lista paradigmática, y se la voy a explicar. Al final les pondré algunas otras, no sea que se les hayan acabado los sudokus de esta tarde, y para qué.
Only entertainement.
En su blog, José Luis Amores habla habitualmente (con una persistencia de cronógrafo inglés) de las lecturas que a lo largo del año le van surgiendo. Algunas las busca, y otras se le ofrecen. O las envidia, y acaba por leerlas. Está al día de lo último. Últimamente yo también envidio muchas de sus lecturas.
A final de año ha hecho su propia lista de lecturas favoritas de entre la infinidad que se ha ido metiendo en vena. Caprichosa, por supuesto. Arbitraria y sesgada. Ha elegido, y por tanto ha tenido que tomar una decisión bajo una perspectiva propia y subjetiva. Cuánto siglo veinte en estas cuestiones, ah… Pero volvamos al asunto y veamos el resultado. En la lista de lecturas que más han interesado (o hecho disfrutar) a un lector desaforado como José Luis Amores, vemos que aparecen títulos variaditos, ejemplos de contracultura o del afterpop, junto con obras desconocidas de autores borrosos, o de grandes clásicos del diecinueve. Las listas, ya ven, acaban siendo una imagen válida del lector en cuestión y reflejan sus debilidades literarias. Exactamente de eso es de lo que se trata. Una lista es una propuesta o una confesión. Un reflejo de los intereses o de los fantasmas con que un lector se las ve a diario. Una pequeña tronera por donde otea sobre el horizonte inmenso de los libros un lector inquieto y curioso.
Nada que ver con las listas de éxitos que infestan el panorama en el ocaso del año.
Podría comentar su lista libro a libro. Algunos, confieso, no los he vivido. Además sería un ejercicio pleonástico e idiota por mi parte. Léanla ustedes mismos.
Pero sí quiero dejar aquí un fragmento de ese largo (a su moda) post en el que revela un detalle de ternura que desarma. Se trata de un libro gris, obra de una autora gris pese a ser argentina, de Argentina, no de Barcelona. La reseña de José Luis es ésta:
"Las primas. Esta novela está mal escrita a propósito. Me refiero a su sintaxis, a los usos gramaticales. Una chica disminuida en una familia de disminuidos. Tiene habilidades para la pintura y comienza a asistir a clases. Su profesor la anima y ella avanza en su educación artística y vital. La progresión en tal aprendizaje se advierte y se refleja en la escritura, realizada en primera persona. Escritura que no escatima en aclaraciones de por qué el uso de determinado vocablo y dónde fue hallado o aprendido. Nos divertimos leyendo, a la par que asistimos al desarrollo de una inteligencia natural que utiliza su lucidez en la defensa del entorno familiar. La novela ganó un premio que no recuerdo (la leí por medio de préstamo bibliotecario) en Argentina, hace poco. Un jurado importante que incluía a Rodrigo Fresán y Enrique Vila-Matas. Sorpresa de este último al abrir la plica y comprobar que Aurora Venturini, la autora, tenía 81 años".
Incluso una página gris de noticias argentinas a veces esconde un prodigio.
Ellos son así.
Las lecturas de José Luis son ansí.
__________________
Una lista de listas
Las lecturas de René López Villamar.
http://hermanocerdo.anarchyweb.org/index.php/2010/12/las-lecturas-de-2010-rene-lopez-villamar/
La lista de Hermano Cerdo, son en realidad 20 listas de hermanos del Cerdo Hermano.
http://hermanocerdo.anarchyweb.org/index.php/2010/12/lecturas-de-2010/
Vicente Luis Mora.
http://vicenteluismora.blogspot.com/2010/12/un-resumen-de-2010-partir-de-el-rey.html
(Más que una lista, en realidad es un vistazo a lo que queda atrás en este 2010, aprovechando libros y nombres de lo más reciente en lengua española. Particularmente en lengua española de América. Del norte, por supuesto.
Quimera también se lanza a las listas: se lee en papel, el especial a 7 euros. Pero se trata de listas. Caprichosas, claro.
Ibrahim Berlín (a.k.a. Antonio J. Rodríguez) aúna arrojo e insolencia al elaborar la lista con la que ha contribuido a esta familia de árboles literarios:
http://ibrahim-berlin.blogspot.com/2010/12/mis-10-de-2010.html
La opción de José Luis Amores es la opción candorosa y aguerrida del lector honesto. Leo como quiero, donde quiero, lo que me viene en gana, sin deberle a nadie más respeto que a uno mismo.
http://bolmangani.blogspot.com/2010/12/2010-veinte-historias-de-amores-y-una.html
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martes, 30 de noviembre de 2010
Mi malasombra
Lo malo de la gente que quieres mal es que aparece a su antojo. Su antojo, ya lo sabes, coincide siempre con el momento que más te importuna. Es así, no vale la pena que te rebeles. Un principio universal aún sin estudiar. Yo tengo un personaje de esta calaña que merodea a mi alrededor las 24 horas del día. Un desaprensivo que salta siempre en el momento que menos lo quiero. Es aparecer a mi vera y agotarme las energías y las ideas. Ya no puedo escribir. Es un efecto instantáneo. Me inutiliza. Un poco más de lo que ya estoy.
Es mi malasombra.
A veces se me abalanza desde dentro de la pantalla del ordenador, pero ahí sabe que le tengo cogido, por eso se esconde en otros sitios menos evidentes desde donde saltar sobre mí al degüello. Mientras tomo un café con mis amigos actores (tengo tantos) y río y divago y oigo más risas y divagaciones, de repente se cuela en la conversación y dice "no quiero que me repitan que los muertos no pierden la sangre, que la boca podrida sigue pidiendo agua". Yo, desde ese instante, dejo la conversación. Me pongo en pie y voy a la barra para ver si empieza ya el partido. El jodido partido, digo, en voz alta, pero a lo sumo me veo un hecho un fantoche que quiere ser Bukovski. Y el subnormal se ríe desde una oreja del amigo que está ligando con una polaca. Me retiro ipsofactamente.
Trato por lo demás de hacer una vida normal, como si el capullo no fuera parte de mis circunstancias. Me levanto a mis horas, trabajo, hablo con mi padre. Mi padre habla mayormente y yo hablo con la taza del café. Lo que pasa es que mi malasombra es insistente y me va buscando. Una vez me llegó en la propaganda de un papel pintado que iba a comprar por internet.
Es así de retorcido. La carta venía de Alemania, observen.
Decía así: "sólo una vez estuve casado, y fue a causa de un mal entendido entre cierta joven y yo". Me destrozó los planes de una semana. Yo andaba
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Deprisa
He llegado del trabajo con prisas. Verán: yo me dopo con prisas. Corro por obsesión, así cultivo la imitatio plena frente al mundo. Quiero ser como el mundo. Quiero ser otro espécimen idiotizado y a velocidad máxima.
Cada día gano enteros.
Tengo dos libros encima de la mesa y tengo prisa por acabarlos. También tengo una lista tonta de libros que otros han leído y que creo que yo debo leer. Con prisas, porque si no se me van a juntar las letras con la presbicia.
Miro internet a media tarde. Reviso mis blogs habituales y las noticias a través de los diarios que de momento no cobran por leer. Leo con prisas. Miedo a que en cualquier momento me salga en la pantalla algún mensaje que diga "su período de prueba en EL PAÍS acaba de expirar: ponga su número de cuenta y diga sí en cada casillero del formulario que rellenará a continuación". Leo con prisas y me salgo a toda leche. Hoy no me han cobrado. Me estarán cobrando por algún lado que aún no detecto, pienso.
Sí. También pienso con prisa.
Tengo algunas llamadas pendientes, más dos o tres correos que enviar. Me pongo a hacerlo todo con el mejor talante, pero acabo dándole caña, porque todo me parece importantísimo y tiene que salir hoy. A veces me llaman desde el fondo del pasillo, me dicen que hay algo interesante en la tele, o simplemente me comunican lo que hay para cenar, pero no capto el subtexto. Tengo prisa por acabar lo de hoy. La prisa narcotiza la mente y la incapacita para captar el subtexto. Más: la incapacita para el texto en sí. La anula. Anula más cosas: la líbido es la peor.
Ahora no puedo parar, tienes que entenderlo, cielo.
Sigo escribiendo mis correos. De ahí paso a mis apuntes. Luego miro dos o tres textos para mi trabajo del día siguiente (ya casi ni los miro: trabajar embrutece, aunque sea con textos), selecciono, imprimo. Es horrible seleccionar. Nunca soy feliz con lo que selecciono. Deberían seleccionar los demás, pero aligerando un poco, porque se nos va el día.
Leo el Facebook. Los comentarios del Facebook me repercuten en el hígado: hoy he contado al menos diez de mis agregados que corren más que yo. Recomiendan enlaces de todo tipo, y todos son maravillosos. Recogen citas gloriosas que jamás hubiera tenido tiempo de eyacular yo por mí mismo ni en mil años de pensamiento concentrado. Algunas son de mis propios agregados.
Después de eso ya no eyaculo, ni en sueños.
El Facebook debería estar contraindicado por la medicina oficial. Incluso por el Opus. Así quién carajo va a plantearse tener hijos.
Pero no quiero que me entiendan mal. Todo esto lo pienso muy muy rápido, en un microsegundo. No es por vacilar: es que de verdad pienso muy rápido.
Hasta que miro el reloj y veo que las horas han pasado a un ritmo frenético, y total, no he hecho nada de lo que me pueda sentir ni siquiera contento. O con un contentamiento infantil y de pacotilla. Nada.
Me levanto para ir al baño. Cierro las ventanas. Apago todo lo que encuentro y sea apagable. Al fondo del pasillo veo la luz del dormitorio encendida. Y ella duerme blandamente. El tiempo pasa sobre su cara y su pelo y los dedos que asoma tímida pero lo hace a un ritmo visible. Lo veo pasar y no me parece algo borroso. Al contrario. A ella le sienta bien.
Me lavo la cara. Tomo el cepillo de dientes y me froto bien, pero con prisa.
Es tarde.
Ya no hay tiempo de hablar.
Ya no hay nadie con ganas de hablar.
Cada día gano enteros.
Tengo dos libros encima de la mesa y tengo prisa por acabarlos. También tengo una lista tonta de libros que otros han leído y que creo que yo debo leer. Con prisas, porque si no se me van a juntar las letras con la presbicia.
Miro internet a media tarde. Reviso mis blogs habituales y las noticias a través de los diarios que de momento no cobran por leer. Leo con prisas. Miedo a que en cualquier momento me salga en la pantalla algún mensaje que diga "su período de prueba en EL PAÍS acaba de expirar: ponga su número de cuenta y diga sí en cada casillero del formulario que rellenará a continuación". Leo con prisas y me salgo a toda leche. Hoy no me han cobrado. Me estarán cobrando por algún lado que aún no detecto, pienso.
Sí. También pienso con prisa.
Tengo algunas llamadas pendientes, más dos o tres correos que enviar. Me pongo a hacerlo todo con el mejor talante, pero acabo dándole caña, porque todo me parece importantísimo y tiene que salir hoy. A veces me llaman desde el fondo del pasillo, me dicen que hay algo interesante en la tele, o simplemente me comunican lo que hay para cenar, pero no capto el subtexto. Tengo prisa por acabar lo de hoy. La prisa narcotiza la mente y la incapacita para captar el subtexto. Más: la incapacita para el texto en sí. La anula. Anula más cosas: la líbido es la peor.
Ahora no puedo parar, tienes que entenderlo, cielo.
Sigo escribiendo mis correos. De ahí paso a mis apuntes. Luego miro dos o tres textos para mi trabajo del día siguiente (ya casi ni los miro: trabajar embrutece, aunque sea con textos), selecciono, imprimo. Es horrible seleccionar. Nunca soy feliz con lo que selecciono. Deberían seleccionar los demás, pero aligerando un poco, porque se nos va el día.
Leo el Facebook. Los comentarios del Facebook me repercuten en el hígado: hoy he contado al menos diez de mis agregados que corren más que yo. Recomiendan enlaces de todo tipo, y todos son maravillosos. Recogen citas gloriosas que jamás hubiera tenido tiempo de eyacular yo por mí mismo ni en mil años de pensamiento concentrado. Algunas son de mis propios agregados.
Después de eso ya no eyaculo, ni en sueños.
El Facebook debería estar contraindicado por la medicina oficial. Incluso por el Opus. Así quién carajo va a plantearse tener hijos.
Pero no quiero que me entiendan mal. Todo esto lo pienso muy muy rápido, en un microsegundo. No es por vacilar: es que de verdad pienso muy rápido.
Hasta que miro el reloj y veo que las horas han pasado a un ritmo frenético, y total, no he hecho nada de lo que me pueda sentir ni siquiera contento. O con un contentamiento infantil y de pacotilla. Nada.
Me levanto para ir al baño. Cierro las ventanas. Apago todo lo que encuentro y sea apagable. Al fondo del pasillo veo la luz del dormitorio encendida. Y ella duerme blandamente. El tiempo pasa sobre su cara y su pelo y los dedos que asoma tímida pero lo hace a un ritmo visible. Lo veo pasar y no me parece algo borroso. Al contrario. A ella le sienta bien.
Me lavo la cara. Tomo el cepillo de dientes y me froto bien, pero con prisa.
Es tarde.
Ya no hay tiempo de hablar.
Ya no hay nadie con ganas de hablar.
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| Dadanoias |
sábado, 13 de noviembre de 2010
Las Matemáticas con nocilla
He andado a vueltas con la ciencia estos días. Yo, que soy de letras. Y que me mareo cuando la abstracción de una teoría científica se dispara hasta el tercer nivel. Pero he estado pensando mucho en la ciencia, porque me he dado un baño largo de nocilla. Dream, Experience and Lab. Estando en esa fase también he pensado mucho en García Calvo, Sir Agustín, que siendo un ácrata que incluso viste con un alarmante desorden, ha pensado mucho acerca de las implicaciones entre las matemáticas y la poesía. En la nocilla en sí no he pensado. Ni mucho ni poco, nada. A veces meriendo con nutella, porque soy un latino al que le gusta lo original. También he pensado estos días en el OuLiPo de los sesenta, a los que la nocilla les provocaba una sutil indiferencia. No recuerdo ni una sola vez que Pérec mencionara ni nocilla ni cremas similares. Y si no las menciona Pérec es que nadie las menciona.
Sorpréndanse de lo mucho que he pensado.
Como yo.
Hace tiempo soñaba con la posibilidad de indagar en la base matemática de la Lengua. Me tocaban las narices esos ramplones desprecios de la gente cool y de ciencias que mandaba al saco de los inútiles a los amiguetes que no daban para más en los estudios. Los de letras. Pero me tocaban mucho más las narices los profesores a quienes yo conocía y que enseñaban entonces la Lengua como un arte obtusa, en cuyo corazón latía una lógica cortocircuitada, impredecible como una bestia del Pleistoceno. No, no la enseñaban así: siguen enseñándola así. Hay que ser del Pleistoceno para seguir enseñando así. Eso me duele. La Lengua es un bien precioso. La Lengua materializa mi imagen del mundo. Lo dice Wittgenstein. Lo dice Janosz Petöfi. Y yo. Me jode que se divulgue en los centros educativos (siguiendo esa cadena de causa-consecuencia), que el mundo es más absurdo aún de lo que ya de por sí parece ser. Me jode pensar que, con maestros así, el mundo va a ser cada día un despropósito mayor que el que hemos habitado hasta ahora.
Sorpréndanse de lo mucho que he pensado.
Como yo.
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| Sidiuss/Mauricio Javier González Guzmán |
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