martes, 28 de abril de 2009

TODAS LAS TARDES CAFÉ: relatos para saborearlos con calma

Entre temblores de emoción y un algo del nerviosismo de los momentos grandes, os dejo con mi nuevo libro: Todas las tardes café (Irreverentes, 2009). No voy ahora a insistir en los detalles, ni voy a ponderaros sus glorias. Un libro está ahí, desnudo, anhelante, cálido. Habla por sí mismo y enamora o decepciona por sí mismo.

Permitidme que de momento sólo os deje esta primera crítica (halagüeña, claro) que es la contraportada de la edición. Y el dibujo con que lo ha dejado lindísimo Ana Guilabert, que es un cielo, y la pintora que más arte saca de tan poco tiempo como dedica a pintar. Un besazo para ella, desde aquí, y otro para Darío M., que lo impregna todo de sus palabras inquietas.

Ya iremos hablando de este libro , y de lo que conlleva. Y hasta os invito a que seáis otros los que habléis de él, y de lo que os deje. Espero que sea un sabor bueno, y largo. Sed buenos, que el café es bebida de dioses.


Todas las tardes café
Santiago García Tirado
(Novísima Biblioteca, 36)




Los libros son buenos amigos del café. Y el café les devuelve el cariño concediéndoles la excusa para una tregua, para esa revancha que es el homenaje diario a uno mismo. Cuando se encuentran, el cuento sale de su escondite. El cuento está en este libro, pero también vive fuera de él. Para encontrarlo sólo hay que esperar. Cada cliente que entra y sale de una cafetería, cada camarero, cada uno de nosotros arrastramos una historia que contar.
La cafetería de todas las tardes es el cruce de caminos de D. Quijote, la posada de Chaucer, el jardín de Boccaccio, el palacio de Shahrazad: por ese establecimiento pasa el hombre adinerado que se encuentra con el amor en el otoño de la vida, la mujer que llama a un teléfono que nunca responde, el famoso a quien se le apaga la estrella, y la pobre infeliz que invoca a Lady Godiva. Con una mirada tan descreída como reticente a aceptar la derrota, Santiago Gª Tirado despliega en 37 relatos –más un divertido documento complementario, los graffittis con que los clientes decoran las paredes de la cafetería– un texto seductor, resuelto con momentos desternillantes, a veces terribles, y casi siempre desbordantes de humanidad, escrito con una prosa rítmica y elegante.
Deguste la obra como lo hace con un café. Sin prisas. Luego déjese sorprender por los sabores que, horas más tarde, seguirá destapando en el paladar. Juzgue el lector por sí mismo si carecía de razón el artículo de Cuadernos para el diálogo (Ago. 2007) que situaba a Santiago Gª Tirado entre los que están destinados a encabezar el relevo generacional en la nueva literatura española.